Kundalini yoga

¿DE QUÉ TIENES HAMBRE?

Una de las grandes preocupaciones de las mujeres al llegar al climaterio es el aumento de peso. Aunque está dentro de la lista de síntomas de la menopausia, éste es debido más al estilo de vida y a tu relación con la comida, que a los cambios hormonales propios de esta fase.

En verdad hay un cambio hormonal que conlleva un cambio en tu metabolismo. Pero el proceso va un poquito más lejos.

Si te pregunto ¿qué comes?, lo más probable es que tu respuesta sea: pescado, carne, verduras, dulces, etc.

Sin embargo, comer no es solo eso.

Desde pequeñas hemos aprendido a asociar la comida con ciertas emociones como el amor, la ansiedad, el sentimiento de pertenencia y muchas otras.

Loving family. Mom with cute daughter eating fast food in a cafe, family and nutrition concept

Hablar de la relación con la comida es hablar de cómo vivimos, de cuáles son nuestras creencias, de nuestra relación con nosotras mismas y con los demás.

Muy a menudo es la mala relación con la comida la que está detrás de esos kilos de más. 

Y es que es muy probable que muchas veces hayamos utilizado esa comida no solo como el combustible necesario para el cuerpo, sino para llenar vacíos,

Todas necesitamos sentirnos queridas, aprobadas, seguras. Sin embargo, cuando percibimos que nuestras necesidades básicas de ternura, cariño, comprensión, etc., no fueron satisfechas puede ocurrir que busquemos como compensarlas inconscientemente a través de la comida.

De esta manera la utilizamos para llenar vacíos y relacionamos la comida con “consuelo”.

En otras ocasiones la usamos como medio de escape de nuestras emociones, como protección y/o como autocastigo.

¿Y cómo ocurre esto?

Cuando nacemos experimentamos una conexión profunda con nuestra mamá en el momento en que nos da el pecho o el biberón. Experimentamos la ternura, las suaves miradas, el contacto y el amor. Así mismo es muy común que en nuestra niñez hayan acallado nuestro llanto con un chupete, una galleta o cualquier otro alimento.

En otras ocasiones se nos ha premiado con cierto tipo de alimentos. Quizá te hayan dicho alguna vez: “Come bien y te doy un helado de postre” “Si recoges los juguetes te doy una golosina” o cosas por el estilo.

O quizá en tu familia se han celebrado las fiestas y los logros con grandes comilonas que te han llevado a relacionar el valor de pertenencia con el hecho de comer.

Todo eso está impreso a nivel celular, así que no es de extrañar que cuando nos sentimos solas, abatidas, desilusionadas recurramos a la comida como una forma de sentirnos cuidadas, abrazadas, amadas.

Así vamos estableciendo relaciones entre la comida y nuestras emociones. Y si no aprendemos a aceptar lo que sentimos resultará complejo satisfacer nuestras necesidades reales.

Reconocer y abrazar lo que sentimos es el primer paso para sanar las heridas y restablecer una buena relación con nuestra alimentación.

 

¿Qué tienen que ver tus sentimientos con tu forma de comer?

Hay una conexión directa entre tus sentimientos y la comida.

Al comer, la energía del cuerpo se centra en el aparato digestivo, dejando en segundo plano todo lo demás. La mente lo sabe y si tiene que elegir entre ocuparse de la digestión o afrontar un sentimiento de angustia o ansiedad, generalmente optará por la primera opción.

Queremos evitar a toda costa lo que nos hace sentir mal. Y en ocasiones la comida nos ayuda a corto plazo.

Sin embargo, a largo plazo ese sentimiento volverá, quizá con más intensidad.

Por eso, si no damos salida a nuestras emociones de una manera honesta, natural y consciente, puede ocurrir que nuestra ansiedad por comer vaya en aumento.

En el periodo del climaterio y la menopausia en el que la mayoría de nosotras hacemos una revisión de nuestra vida, se nos ofrece la oportunidad de ver esas emociones, de sentirlas, de sanarlas.

En ocasiones preferimos no verlas y entonces el cuerpo nos habla en forma de síntomas para que podamos ser conscientes de que algo anda mal y hacer los cambios necesarios para corregirlos.

Una de esas manifestaciones puede ser el aumento de peso. Si sólo pones atención a lo que comes y no a las emociones que hay detrás es posible que puedas adelgazar y que después de eso sigas sin sentirte satisfecha.

Muchas mujeres adelgazan con ciertas dietas y siguen sin estar a gusto con su cuerpo. Les molestan las arrugas, o la piel flácida que ha quedado después de la pérdida de peso, o se sienten continuamente cansadas.

Y es que mantener un peso adecuado es solo una parte de la ecuación. Además, es necesario sentirte vital, aceptarte y amarte.

Para hablar de todo esto, en el Programa Menopausia Consciente vamos a realizar un taller que te dará herramientas y pautas para manejar las emociones y comer conscientemente.

El taller será el día 8 de abril a las 17:30 a través de la plataforma Zoom y ya están abiertas las inscripciones.

“Hambre emocional. Claves para manejarlo”

Puedes ver toda la información pulsando el botón.

Autor

mar@yogaencasa.es

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